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Siempre es motivo de orgullo para un deportista ser elegido para representar a su país. Significa que su labor es reconocida por las más altas instancias nacionales de su especialidad deportiva. También es importante para el club al que pertenece el jugador, ya que la entidad demuestra que cuenta con los mejores en su plantilla. Aunque, si uno reflexiona sobre el tema, llega a la conclusión de que la sociedad deportiva a la que pertenece el seleccionado es quien menos beneficio obtiene del asunto.
Las federaciones ganan dinero con sus equipos nacionales. El jugador cobra de la federación por estar en la selección. Y el club de procedencia del deportista… ¿qué percibe? Nada. El deportista puede lesionarse en el acontecimiento internacional, no tiene el mismo tiempo de descanso que el resto de sus compañeros de equipo, los viajes extra le producen cansancio físico y mental, se pierde entrenamientos con su club, etc. Demasiados contras y pocos o ningún pro para quien le paga toda la temporada.
El rugby es un deporte modélico en muchos aspectos y, como no podía ser de otro modo, también en el que nos ocupa. El país en el que nació el deporte del balón ovalado ha sido el primero en coger este toro por los cuernos. La Rugby Football Union (la Federación Inglesa de Rugby) ha firmado un acuerdo con los clubes de su país por el que les pagará un total de 110 millones de libras (casi 166 millones de euros) por seleccionar a sus jugadores para que jueguen en el equipo nacional. El contrato entre las partes tendrá una duración de 8 años y entrará en vigor en el 2008. Los clubes percibirán un montante económico anual en relación al número de jugadores que les sean seleccionados. Así, la entidad que más hombres aporte al equipo nacional, más dinero recibirá.
En el marco del acuerdo firmado por ambas partes también se recogen dos puntos importantes: el primero es que los clubes recuperan los derechos de televisión, hasta ahora en posesión de la federación. Y el segundo es que los jugadores sólo podrán disputar 32 partidos anuales. Eso quiere decir que si un hombre juega unos determinados encuentros con el combinado nacional sólo podrá participar en los que le resten hasta llegar a 32 con su club. Esta medida intenta proteger al deportista, evitando que sufra una carga excesiva de trabajo, y a su vez obliga a los clubes a ampliar sus plantillas para afrontar todas las competiciones en las que está inmerso (en el caso de los equipos ingleses suelen ser tres).
Posiblemente, todas las cuestiones expuestas pueden ser mejoradas y ampliadas, pero todo parece indicar que, en un futuro no muy lejano, se van a convertir en un referente a seguir por otros deportes y por otros países.
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